Siempre, todo

Soy lo que ves

veinticuatro años en vida

aquello que ocurrió un año bisiesto

una palabra

un llanto. 

Existo y es lo que tu ves;

un cuerpo resucitado 

un poema mal escrito

un círculo abierto 

una existencia que depende de

lo que tú quieres que sea.

Estrella, sombra, luz, fugaz.

Oscuridad, crepúsculo, fuego, ceniza,

ave fénix que encuentra cielo

árbol frondoso en el desierto

castillo fortificado rodeado de ruinas

la puerta que atraviesas

el lugar que llamas casa

tu porvenir 

tus historias pasadas

el hoy que te pinta de azul

y el mañana ya veremos

una guerra perdida

soy porque tú, 

siempre

porque yo, 

todo.

Porque me mira

Porque pensaba que la lluvia 

jamás me alcanzaría, 

porque mi piel huele a él, 

porque hay color en este día gris,

porque me gusta como me ve.

Porque me mira

y vuelve a pintarme en rojo, 

me nace el mar en el pecho

y respiro aún debajo del agua,

porque sobrevivo a los huracanes

porque entonces, 

y yo somos una palabra,

nosotros,

nos hacemos del verbo 

amar,

y nos conjugamos en todos los tiempos verbales, 

por siempre.

Hambrienta

Ahora que me quema la piel

el saberme inmune a la tristeza

aunque siga colocándose en mis dedos.

Ahora que he sido cenizas

puedo ser valiente 

y hablar de incendio.

Con ojos y puños cerrados 

gritar los miedos;

porque el amor está hecho para los hambrientos,

para los que saben que el fuego debe quemar, 

los que viven de excesos

pero saben, cuando de sigilo,

los besos prohibidos,

los de vuelo y caída. 

Hambrienta.

Tengo hambre de ti

de piel mojada

de sacar los miedos del escaparate 

gritar las ganas 

y esposadas las manos a la mesa,

y por qué no, al destino.